Desde lo alto del sendero ya casi se puede ver “la Fuentona”, también llamada “Ojo de mar”, ahora nos explicamos porqué el pueblo, de nombre: Muriel se apellida de la Fuente. Rodeados de sabinas, hemos llegado al manantial de aguas puras y cristalinas, a este oasis mágico. Entonces los sentidos nos piden que nos sentemos un buen rato para disfrutar del silencio. Como única ocupación: “el Contemplar”... evoca tanta serenidad... Ese misterioso verde del fondo es pura belleza comprimida, hecha realidad...
Resuenan en tu cabeza los cuentos que escuchabas de pequeño, múltiples leyendas... como las que narraba el romántico Bécquer: en su interior habita un espíritu hermoso de mujer con grandes “Ojos Verdes” que atrae y seduce al visitante, hasta que llega a perder la razón... O, porqué no, un monstruo prehistórico que vive fugitivo en lo más profundo de la cueva salvándose así de la extinción... Deja que se desborde tu imaginación... Y si puedes repite la visita muy de mañana, cuando los rayos de sol se filtran hasta el fondo, a tu alrededor sabinas, pinos, chopos... se reflejan como en un gran espejo.
Aumentar