Regresamos al camino, hoz arriba, para disfrutar del cauce del río cuajado de juncos, mariposas, efímeras, jilgueros y chopos... e impregnarnos de los aromas de espliegos, tomillos, salvias...

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1ª Ruta a pie: “La Fuentona”.

A nuestro paso salta asustada una rana, una de las muchas que toman el sol en la chopera. O huye despavorida una preciosa polla de agua a refugiarse en el nido que tiene escondido en la junquera. Incluso en alguna visita afortunada puedes llegar a toparte con una nutria fugitiva, ¡duendecillo veloz!, que en cuestión de un segundo, de un acrobático salto, se sumerge en el agua...

El viejo molino harinero se transformó, con los tiempos, en una piscifactoría. Pues la trucha del Abión, variedad “arco-iris”, de carne asalmonada, es una auténtica delicia, (el rey Carlos III mantenía un correo diario para surtirse de tan codiciado mangar), bien lo saben los aficionados al deporte de la pesca que el Abión tiene bien ganada la categoría de Coto Nacional, se pueden capturar grandes ejemplares que han llegado a pesar más de cuatro kilos. Aunque nada comparable con verlas surcando sinuosamente las aguas cristalinas... con observar los grupos de alevines pequeñitos o “bermejuelillas” que parecen jugar formando nubes.